El jabón electoral


El próximo 1 de enero se cumplirán cincuenta y nueve años del ascenso al poder en Cuba de la guerrilla castrista y el totalitarismo está tratando de lavarse su rostro dictatorial ante el mundo. Para ello, entre otras astucias, ha tomado gradualmente préstamos lingüísticos del patrimonio político de las democracias y desde hace algún tiempo llaman “concejales” a los que inicialmente nombraban “delegados” de las Asambleas Municipales del Poder Popular y “alcaldes” a los que eran “presidentes” de la misma asamblea, pero a nivel nacional.

Prestos a pasar gato dictatorial por liebre democrática, parece que algunos estrategas de élite de la tiranía cubana han esparcido el rumor de que es bueno que los opositores se presenten como candidatos a las elecciones. Hasta el presente solo se permite la participación del partido “comunista” (único legal, según las injustas y antidemocráticas leyes castristas) que lleva cincuenta y ocho años en el poder. En un régimen totalitario, ¿cómo acceder a las urnas si todo el engranaje electoral está en manos de la dictadura y fue diseñado por ella? Me parece un entretenimiento delineado para ganar tiempo mientras “ellos continúan avanzando” en atrasar y empobrecer más al país.

En Cuba constitucionalmente no es obligatorio votar, pero entre la lista de derechos que nos ha pisoteado el régimen dictatorial está el de abstenerse. Parece un contrasentido, pero no lo es. Cada vez que hay elecciones en el territorio cubano el personal que trabaja en los colegios electorales va a las casas de las personas de la tercera edad “para que no se molesten” en asistir al colegio a votar. So pretexto de acabar temprano, también visitan a otros que se demoran en ir por diferentes razones, lo cual es un acoso y una intimidación nada subliminal que ha paralizado de obediencia a la sociedad. «Votas o votas», es el mensaje. Conocí a personas que aspiraban a una plaza laboral (estatal) y se la negaron por no asistir a las más recientes e insulsas elecciones que no significan ni cambian nada para el pueblo. A otras, las rebajaron a un puesto inferior con menos salario por la misma razón.

Quizás algunos dirigentes del gobierno cubano miran hacia Venezuela y piensan en la posible legitimidad —desde su punto de vista, claro— que les pueda dar una ratificación electoral en un proceso que, dados el excesivo control y centralismo estatal, les resulta fácil amañar. Pero la vieja y rígida estructura totalitaria no quiere mover ni un pelo de su larga y enmarañada melena totalitaria. Provocarían confusión y disgusto en el sector de la población que aún los apoya, y eso no lo pueden permitir “por ahora”. De cualquier manera, todas las tácticas que emanan de ellos se producen para buscar apoyo internacional a sus dislates, no porque respeten los derechos de sus gobernados.

En Cuba existe el runrún de que posiblemente en las elecciones del venidero febrero, instalen a Ramiro Valdés en el cargo que hoy ostenta el dinástico heredero Raúl Castro. ¿Será una intención real o una patraña para confundir a la gente e incitar comentarios negativos que después ellos desmienten públicamente y así denigran a sus críticos? Ese comportamiento-trampa lo han repetido muchas veces a lo largo de su historia.

Ramiro es uno de los sobrevivientes del grupo de guerrilleros liderados por Fidel Castro, que asaltaron un cuartel militar (el Moncada), se alzaron en la Sierra Maestra, secuestraron el poder en 1959 y se instalaron en él de forma vitalicia. Valdés, de 85 años —como Raúl, de 86—, ha tenido que esperar toda su vida para dirigir a Cuba y si el rumor es cierto, quizás lo haga desde un asilo.

Llegarán tiempos mejores para Cuba en los que se harán procesos electorales justos y limpios. Entonces no solo tendremos el deber de participar sino también el derecho abstenernos.

Ratifico mi desaprobación de que la oposición participe de la farsa electoral del gobierno; pero no descarto que si las circunstancias y condiciones varían, yo cambie igualmente mi punto de vista. Por ahora me limito a observar. Participar es echarle perfume a la mierda para evitar que apeste. Los demócratas cubanos debemos ser capaces de imaginar y crear proyectos que nos permitan crecer en apoyo popular independientemente de las divisorias y manipuladoras fuerzas policiales.

Como en Venezuela, las cartas electorales están marcadas a favor de los tramposos y no es ético con uno mismo ni con la patria formar parte del fraude.

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Acerca de La violencia del silencio

Soy un opositor cubano por tradición y convicción. Vivo en una dictadura y trabajo para la libertad y democratización de mi país. Creé este blog para dejar testimonio.
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2 respuestas a El jabón electoral

  1. Solangel dijo:

    Debieran meterte preso por calumniar a la Revolución, rata gusana.

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  2. Vladimir Acosta dijo:

    Asere, quisiera conocerte y ser tu amigo. Que tremendos cojones tienes! Yo tb vivo en La Habana. Te llamaré a tu movil q esta arriba. Salu2, Vlad.

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